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Arles tras los pasos de Christian Lacroix: exuberancia provenzal

Arles tras los pasos de Christian Lacroix: exuberancia provenzal
Written by ADMIN

Nació al otro lado del Ródano, nunca se alejó por mucho tiempo de las ruinas romanas cuyas piedras escaló, de los museos que fundaron su cultura artística y provenzal, de los cafés populares de su ciudad. Christian Lacroix imbuyó su trabajo con los colores y patrones de su Provenza. “Estuve soñando y rediseñando el mundo que me rodea desde mi infancia”, dijo. También dejó su huella por toda la ciudad antigua, trabajando allí, desarrollando su obra, encargándole piezas y creando otras, un diseñador que se convirtió en artista múltiple.

Toreros y toreras. En la pequeña y colorida tienda de la rue de la République, el friso en altorrelieve corre a lo largo de la parte superior de las paredes, sugiriendo una de las influencias e inspiraciones del diseñador cuyo nombre aún remata el escaparate. cristiano lacroix, “la primera tienda hace treinta y dos años, la última ahora”desliza la vendedora, detrás de una sonrisa algo triste.

En los percheros, en una fantasía a partes iguales de estampados y colores vivos, vestidos vintage, herencia de las colecciones prêt-à-porter de la época en que el Arlesien encargaba a su casa, antes de 2009, las creaciones que firmaba para la española Desigual. Cerca, joyas, marroquinería, bufandas estampadas con este nombre que ya no le pertenece del todo pero que es imprescindible en la ciudad que lo vio nacer.

“Hacía teatro en las arenas, ópera en el teatro antiguo. El templo de Alyscamps era mi patio de recreo”, dijo Christian Lacroix en entrevistas. Arlés, “Lo siento en mis entrañas”.

Un gancho a través de los piojos

Entonces vamos. Vamos a la taquilla de las arenas, donde un ujier dormita esperando a que los de enfrente, en L’Aficion, le pidan un palco para la Escarapela Dorada. La curva de las arcadas romanas ondula por un lado hacia el Ródano, por el otro en dirección a la torre Gerhy, la única rasgadura contemporánea en el horizonte de azulejos que fue la del niño de Trinquetaille en la década de 1950. los cuellos de los turistas sobre la piedra desnuda del teatro, las contraventanas de lamas están plegadas, una frondosa paulownia arroja un velo de suavidad sobre la rue du Cloître. El azul del cielo es violento, “hay color en todas partes”, replica el fotógrafo a quien sólo ve la declinación de los ocres. ¿Es este el origen de la exuberancia del modisto, el color que, como patrones y mestizajes, lo designa?

Un desvío por los Lices donde, su madre en el mercado, el niño era libre de holgazanear y donde los tronos, imperiales, la fachada con columnas de Julio César que decoró, hay que ir a llamar y preguntar al Muséon Arlaten y en el Réattu. Donde Christian Lacroix depositó una serie de dibujos y siete “lienzos” de vestidos, ejecuciones de sus bocetos por parte de la jefa de taller, la costurera, y donde se ingresó “como en un molino!”se ríe Andy Neyrotti, jefe del departamento de conservación de Réattu. “Era gratis, dimos un paseo allí, tomamos el aire fresco, hicimos novillos allí”.

El traje de Arlesian

“Desde su más tierna infancia visitaba el Muséon, luego en el ambiente de un gabinete de curiosidades”, recuerda la curadora Aurélie Samson. El museo etnográfico le cuenta al niño la Provenza o la Camargue de Mistral, a la que sacrificará su primer desfile en 1988, y la historia del traje arlesiano. “Este traje es una arquitectura textil, que viste a la mujer y la esculpedescribe Aurélie Samson. Vemos esta influencia en sus dibujos, la línea es fuerte, hay un movimiento, una vibración”.

En Réattu, quien sueña con ser comisario, ve nacer y crecer su amor por el arte, cultivado más tarde en la Universidad de Montpellier. el lo admira el taller de costurade Antoine Raspal, un “pequeño cuadro sobre madera del siglo XVIII, pintado como una miniatura, donde todo es minucioso, desde la joyería hasta los grabados”, describe Andy Neyrotti. Una fotografía de la moda de la época, en Arles, “abundante en color”.

Aquí. También fue allí donde en 2008, gracias a la carta blanca que le dio Réattu, se fue “fijar los principios de lo que hará después en otros museos, en cuanto a escenografía y comisariado”. El segundo acto de su vida profesional, el de diseñador de vestuario, director. En este callejón, cerca del Hôtel-Dieu, ¿no es así? vida parisina de Offenbach que se escucha a sí mismo, ¿su primera ópera?

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