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Gerald no quería ser beige

Gerald no quería ser beige
Written by ADMIN

En los créditos de su nueva película, confesiones, Luc Picard agradece a “todos los contribuyentes de Quebec”. Con razón. Sin la contribución de los contribuyentes, no habría cine en Quebec.

Publicado a las 6:15 a.m.

Pensé en estos contribuyentes, la gran mayoría de los cuales son honestos y tranquilos, cuando vi confesiones. No tanto porque sin su contribución de aproximadamente $ 1 por cabeza de tubería, la muy buena película de Luc Picard no habría visto la luz del día. Sino más bien porque éstos nunca tendrán derecho a la atención y consideración reservada al tema de confesionesGerardo Gallant.

Gallant, a quien el propio Picard encarna en la pantalla, tenía todo lo de un tipo banal y corriente. Baby Boomer que parecía llevar una vida ordenada en Donnacona, un suburbio de Quebec. Casado por más de 20 años con una mujer que era voluntaria en la iglesia, no bebía, tenía una pasión desde la cirugía de derivación cardíaca por los paseos en bicicleta y los viajes a Puerto Plata.

De hecho, Gallant fue uno de los peores asesinos a sueldo en la historia de Quebec. Trabajó para Rock Machine y Gang of the West durante su guerra contra los Hells Angels en la década de 1990. Era un psicópata que mataba meticulosamente, a sangre fría, sin pensarlo dos veces, y que sabía ser discreto. Durante 30 años, a pesar de 28 asesinatos y 12 intentos de asesinato, escapó de la policía, a pesar de que tenía su nombre tatuado en el brazo…

Lo que Gérald Gallant parecía temer más que nada, según la película de Luc Picard -inspirada libremente en el libro de periodistas de la diario de montreal Félix Seguin y Eric Thibault, Gallant: Confesiones de un sicario – debía ser visto como beige e insignificante. Así lo definía su propia madre, a quien odiaba (era mutuo, al parecer).

Gallant no quería provocar el aburrimiento, cosa que odiaba su amante, cómplice —de asesinato— y compañera de motos de carretera, empleada de la funeraria de su familia, que de pronto pensó que era la Bonnie Parker de esta pareja de Bonnie & Clyde de Donnacona.

Traumatizado por su infancia en Saguenay, ridiculizado en la escuela (que abandonó después del quinto grado) porque era tartamudo, despreciado por su madre por su “potencial intelectual por debajo del promedio”, Gérald Gallant encontró temprano una manera de destacarse: la de delito. Desde robos de autos hasta atracos a bancos y estancias en prisión como tantas pasantías en una empresa criminal, se ha ganado la confianza de los bonzos del hampa. Los que tienen apodos ridículos como “Baloune” o “Mamá”, pero que no oyen reír.

Gallant se vio a sí mismo como un soldado en la guerra de motociclistas que seguía órdenes. Las personas a las que estaba asesinando eran criminales, se había convencido a sí mismo (sin tener en cuenta las víctimas colaterales de sus asesinatos). Quizá deberíamos agradecerle, irónicamente, a su esposa en la película (Éveline Gélinas), visitarlo en prisión.

FOTO ERIC MYRE, FACILITADA POR LES FILMS OPALE

Éveline Gélinas y Luc Picard en confesiones

Sobre todo después de su detención en 2006, pero también mucho antes, incluso cuando aceptaba promesas del crimen organizado, Gérald Gallant era delator y delator de la policía. Al igual que Henry Hill, el personaje principal de buenos muchachos de Martin Scorsese, interpretado por el difunto Ray Liotta, que inevitablemente trae a la mente.

No podemos acusar a Luc Picard -ni al guionista Sylvain Guy (Mónica la metralla, mafia inc.) — para alabar a Gérald Gallant. Dentro confesiones, las mujeres que conocieron a Gallant lo llaman alternativamente despiadado, cobarde, imbécil, etc. Si mata a sus víctimas a quemarropa, en una calma desconcertante, como en una película de Tarantino, no necesariamente es glorificado. Es un tipo pobre, no muy brillante, incapaz de empatía.

El hecho es que los medios lo presentan como “el asesino a sueldo más prolífico” en la historia de Quebec. Y que lo escucho en cierto modo como escudo de honor. Él también puede estar mirándolo con orgullo. En su despreciable existencia habrá sido el mejor en “algo”. El campeón de la mafia local y los asesinos de motociclistas.

Por eso nos interesamos por él, con una curiosidad enfermiza, como antes que él nos fascinaron el Mesrine y Monica la mitraille, que también han sido objeto de películas. Y ya sea beige o no, aburrido o no, cociente limitado o no, recordaremos a Gérald Gallant. Como recordamos el nombre del asesino del ataque Poly (que también se convirtió en personaje de cine) más que el de sus 14 víctimas.

Puede que no se haya erigido en héroe, permanecerá encarcelado hasta los 83 años, pero no habrá pasado desapercibido. Como un ex señor de la guerra de los Hells Angels, una vez atacado por Gallant, quien murió de cáncer común a los casi 70 años, quien fue noticia la semana pasada. El contribuyente honesto y sin antecedentes, el ciudadano corriente modelo, no tendrá derecho a tanta consideración.


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