Música

De la violencia de un puerto colombiano al escenario del canto lírico

publicado el viernes 05 de agosto de 2022 a las 07:44

Betty Garcés creció en una ciudad portuaria pobre y violenta del Pacífico colombiano, criada al ritmo de tambores y marimbas. Nunca durante su infancia escuchó música clásica, pero su destino la llevó al canto de ópera y al escenario.

“Nunca imaginé que me pasaría esto porque lamentablemente el ambiente en el que crecí en Buenaventura no me dio muchas oportunidades para soñar”, dice con su dulce sonrisa Betty Garcés, de 39 años, recibida por la AFP en el Teatro Colón. en Bogotá.

Su ciudad natal de unos 315.000 habitantes, rodeada de una frondosa selva junto al mar, está poblada mayoritariamente por afrodescendientes como ella, con un índice de pobreza del 41% y violencia recurrente ligada al tráfico de cocaína, incluida Colombia, que es el mayor productor mundial.

Su salvación, se la debe a sus padres, profesor de matemáticas y artista, quienes la enviaron como a sus hermanas a estudiar al vecino pueblo de Cali “para protegernos desde los 14 años”.

Primero estudió canto en el Conservatorio de Cali “sin tener la menor idea de lo que era la ópera”. Un día, su profesor le hizo escuchar una cinta de la cantante estadounidense negra Jessye Norman que interpretaba a Richard Wagner. “En ese momento, no sé qué pasó adentro, pero todo me conmovió. No tenía idea de lo que ella decía, porque nunca antes había escuchado a nadie hablar alemán. Pero se tejió un vínculo inquebrantable”.

Ante el talento que mostró, sus profesores se esforzaron al máximo para conseguirle una beca en Alemania, país en el que reside desde 2009.

– “Canción consciente” –

Betty Garcés descubrió su sensibilidad artística en su infancia gracias a sus abuelos, uno de los cuales era sordo y el otro ciego.

La soprano tenía dificultades para comunicarse con el resto de su familia y sufría bullying en la escuela, por lo que la casa de sus abuelos fue su refugio.

Cuando su abuelo “tocaba la armónica”, ella se acostaba “en el suelo para pegarle la oreja y amplificar el sonido” “imaginando que estaba en otro mundo”.

Cuando su abuela murió, su mundo se vino abajo. Betty Garcés no tenía idea que lágrimas y desolación surgirían entonces para ella “un nuevo lenguaje”: la música.

“Me quedé sola (…) en pleno luto, en un momento difícil para una niña de 10 años. Perder su único referente emocional en la vida es muy significativo”, recuerda.

Pero un día, en medio de las lágrimas, “me puse a gemir” y “de ese gemido empezaron a brotar melodías sin palabras. Era mi alma la que buscaba una salida a tanto dolor y emoción”, dijo aún conmovida. .

De ese “primer recuerdo de canto consciente”, “empecé a cantar y nunca más paré”, dice con una sonrisa entusiasta.

– “La fuerza para intentarlo” –

En el teatro de la capital colombiana, la voz de Betty Garcés vuela con poder sobre las notas de “Ariadne auf Naxos” de Richard Strauss.

Con peluca rubia y vestido brillante, durante una fiesta en plena Segunda Guerra Mundial, la cantante cautiva y entretiene con una parodia y crítica del mundo del teatro. “Betty es una Ariadna de ensueño (…) espléndida en lo vocal y en lo actoral”, declara el director andorrano Joan Anton Rechi que mezcla tragedia clásica y espectáculo flamenco popular.

Lors du salut final de Betty Garcés au public, le théâtre la couvre d’applaudissements : “l’affection avec laquelle le public colombien vous reçoit (…) vous donne envie de vous surpasser sur scène”, s’enjoue-t- ella.

Con su pasado en mente, la cantante concluye que “pese a las dificultades, en cierto modo, las puertas siempre acaban abriéndose”.

Y si hoy relata su vida es “con la esperanza de que un joven todavía vacilante la escuche. Porque “si todavía fuera el niño que fui, esta historia me daría la fuerza para intentarlo”.

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