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Jueves de suspenso: Crímenes con pólvora

Jueves de suspenso: Crímenes con pólvora
Written by ADMIN

Con “Terres voraces”, Sylvain Estibal, el director de “Cerdo de Gaza”, nos regala una novela muy oscura sobre la tragedia de los desaparecidos en México, contada por la voz de la madre de un adolescente ilocalizable.

Esto no es un thriller, aunque una madre investiga la desaparición de su hija. Esto no es un thriller, incluso si los asesinatos se cuentan por miles, tal vez incluso decenas de miles, y si los cadáveres se amontonan en fosas comunes, sótanos, tanques y camiones. Esto no es un thriller, es un grito de rabia, de sufrimiento, de revuelta, es un compendio de literatura negra -176 páginas- para leer bajo la dirección de Tranxène mientras desgarra el corazón y las tripas.

Sylvain Estibal es periodista, escritor y cineasta. Le debemos el gran Cerdo de Gaza (2011), que obtuvo el César a la Mejor Ópera Prima, el Premio Henri Langlois y el Premio del Público en el Festival Internacional de Tokio. Con tierras voraces, se apodera del drama de los desaparecidos de México, víctimas del ajuste de cuentas de los cárteles de la droga o simples pobres que buscan demostrar su virilidad. Esta novela se nutre, según él, de las palabras de quienes buscan a sus desaparecidos. Los siguió, los interrogó, lo que le da un lado muy real y muy crudo a esta novela.

“Brazo de Honor a los Criminales”

Lucía tiene un pequeño trabajo en la caja del supermercado, una hija adolescente y un niño pequeño. Cuando su hija, hincha de Lionel Messi, desaparece durante un partido de fútbol, ​​su vida cambia. Volverá a todos los lugares donde podría estar Bianca, interrogará a propios y extraños, sin descanso. Poco a poco, esta búsqueda se convertirá en su única razón de vivir y se dará cuenta de que no es la única. Docenas, miles de madres buscan el hueso más pequeño, el trozo más pequeño de tela pasada, con la esperanza de encontrar un rastro de un hijo o una hija. “Cada paso es una revuelta. Con cada paso, no te rindes. A cada paso te hundes un poco más en tu terquedad, camino sin retorno, rebelión contra las autoridades locales, arma de honor contra los criminales, contra la injusticia, contra la incompetencia de los poderosos, contra estos gobernantes y ante estos jueces, estos diputados al caos que pretende reinar, a esta vida que ya no es una, y que sin embargo, paradójicamente, encontrará en este calvario, una verdad que no sospechabais, una nueva fuerza.

Como todas las madres, se equipa con una barra de refuerzo que clava profundamente en el suelo antes de oler la punta, buscando el olor a putrefacción que indicaría la presencia de un cadáver. “Cada línea blanca es una línea de sangre, dices. Cada línea de cocaína contiene un poco de todos estos crímenes y todos estos rostros perdidos. Allá, en los hermosos atardeceres, aspiran con gran gasto el concentrado de los gritos, la gran sangría en polvo, llena de súplicas y agonías, creyéndose rebeldes y libres. Lo que acaba sabiendo el lector es que el día que secuestraron a Bianca, en pleno partido de semifinales de la Champions, su captor hizo una apuesta: si el Barça gana, suelta a la adolescente, si pierde, ella será ejecutada. Y esa no es la única aparición de Messi en esta novela, el futbolista juega un papel fundamental.

La caída es terrible. Lo presentimos pero nos sorprende a pesar de todo. Cuando cierras el libro, te das cuenta de que habías dejado de respirar.

tierras voracesSylvain Estibal, Actes Sud, 176 pp, 16,80 euros (12,99 euros digital)

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